Cachorros, ferias y fieras
02 de Septiembre 2010Los caprichos de mucha gente por tener mascotas en casa sin conocimiento, los excursionistas que arrebatan cachorros a la naturaleza creyendo que hacen bien,... ¿Animalistas o asesinos?
Dejo a mi cachorro de hombre en su hábitat natural, el campamento de verano donde estará una semana con gente de su edad e intereses y cuando estoy por partir de regreso se me acerca una muchacha de las mayores que, terminada su semana, debe regresar a la ciudad y me pide que la lleve. Partimos y haciendo las presentaciones, me cuenta que estudia veterinaria en la universidad, está por recibirse y está haciendo un tirocinio en la Sociedad protectora de animales.
Me doy cuenta que estoy en un campo minado y que debo proceder con mucho cuidado para evitar malentendidos. Evito acelerar fuertemente, hacer demasiado ruido con el motor y hasta cuando respiro trato de no dañar el medio ambiente. A los pocos kilómetros, una corneja que se está alimentando en el asfalto y que evito frenando ligeramente y moviendo el volante, nos da el tema de la conversación para el resto del trayecto. Valeria, así se llama la chica, me cuenta que a la Sociedad protectora de animales les llevan muchas cornejas heridas precisamente de esa manera. Trato de saber más.
Acogen sobre todo animales de gente que ya no puede tenerlos en sus casas como la tortuga de orejas rojas o galápago de Florida (Trachemys scripta elegans). La gente las compra en las ferias porque son baratas y además "le gustaban al niño..." dicen. Por teléfono se lamentan porque la tortuga no crece, está mal y además desprende mal olor.
— ¿Qué le da de comer?
— Las gambas en sobre que me indicó el vendedor.
— No es suficiente, tiene que integrar con carne y verduras.
— Pero es que me dijo el vendedor que si le doy carne y verduras crece demasiado... ¿y si la dejo en el campo...?
— No, esa tortuga es muy voraz, si usted la abandona, deja sin alimento a las tortugas locales, destruiría el ecosistema.
— Es que no puedo tenerla en la casa ¿puedo llevarla donde ustedes y ven a quién se la dan?
Así, prosigue Valeria, la Sociedad protectora de animales parece un orfanato de tortugas abandonadas por animalistas que las amaron de chicas pero cuando crecieron no les importó un bledo de ellas.
También les llevan cachorros de aves de rapiña. Las madres los dejan alejarse del nido para que empiecen a conocer el mundo, exactamente como una madre deja a su niño jugando en el jardín. Los excursionistas que pasan dicen conocer la naturaleza y deciden que el pájaro se ha extraviado. Por más que en la Sociedad protectora de animales les explican que lo mejor sería regresar al pájaro al mismo lugar donde lo encontraron porque si se queda en la sociedad, en poco tiempo perderá su instinto, los excursionistas-animalistas se liberan la conciencia diciendo que ya no pasan por allí y además ya hicieron bastante.
Con los cervatillos es casi igual. La madre los esconde entre las matas y va a conseguirse alimento, exactamente como una persona deja a su bebé en una cuna y va a hacer sus labores. Pasan los amantes de la naturaleza que deciden pensar que el cachorro ha sido abandonado y creen hacer un bien llevándolo a la Sociedad protectora de animales donde será un huérfano más.
Suerte parecida corren los cabritos. Inspiran la ternura de los animalistas que los acarician hasta más no poder sin darse cuenta que al hacer esto les están dejando su olor. Cuando la madre cabra regresa no los reconoce porque para esto solo cuenta con su olfato y así deja de amamantarlos.
Si no muere, el cabrito termina en la Sociedad protectora de animales donde hay que alimentarlo con biberón, pero el personal no es suficiente, cuando los últimos cabritos han terminado de mamar la costosa leche de cabra — tampoco tienen fondos — es el momento de volver a comenzar con los primeros. Además estos cachorros irán creciendo y tendrán mayores exigencias de alimentación, de espacio, de higiene y de reproducción.
La cosa más lógica sería eliminarlos, sigue Valeria, como hace la naturaleza, pero protestan los animalistas y así hay que tenerlos a todos, aunque así vivan mal.
También tienen perros y gatos de razas poco comunes abandonados por personas que los adoptaron de chicos porque vieron una película o porque conocieron a una persona que tenía un perro o un gato igual. Al crecer el animal fue manifestando su personalidad y sus exigencias que no eran como ellos se habían imaginado.
Después vienen los animales exóticos, monos, aves, reptiles, etc., robados a su ambiente natural y traídos de contrabando, de pequeños inspiran ternura pero de grandes resultan molestos por los ruidos que emiten o simplemente porque no hay espacio para ellos.
Les llevan hasta fieras, tigres, panteras, cocodrilos, serpientes, etc., si son cachorros debe encargarse la misma sociedad, si son grandes, debe intervenir la guardia forestal. En ambos casos después deberán cederlos a los zoológicos, también hostilizados por los animalistas.
Me doy cuenta que estoy en un campo minado y que debo proceder con mucho cuidado para evitar malentendidos. Evito acelerar fuertemente, hacer demasiado ruido con el motor y hasta cuando respiro trato de no dañar el medio ambiente. A los pocos kilómetros, una corneja que se está alimentando en el asfalto y que evito frenando ligeramente y moviendo el volante, nos da el tema de la conversación para el resto del trayecto. Valeria, así se llama la chica, me cuenta que a la Sociedad protectora de animales les llevan muchas cornejas heridas precisamente de esa manera. Trato de saber más.
Acogen sobre todo animales de gente que ya no puede tenerlos en sus casas como la tortuga de orejas rojas o galápago de Florida (Trachemys scripta elegans). La gente las compra en las ferias porque son baratas y además "le gustaban al niño..." dicen. Por teléfono se lamentan porque la tortuga no crece, está mal y además desprende mal olor.
— ¿Qué le da de comer?
— Las gambas en sobre que me indicó el vendedor.
— No es suficiente, tiene que integrar con carne y verduras.
— Pero es que me dijo el vendedor que si le doy carne y verduras crece demasiado... ¿y si la dejo en el campo...?
— No, esa tortuga es muy voraz, si usted la abandona, deja sin alimento a las tortugas locales, destruiría el ecosistema.
— Es que no puedo tenerla en la casa ¿puedo llevarla donde ustedes y ven a quién se la dan?
Así, prosigue Valeria, la Sociedad protectora de animales parece un orfanato de tortugas abandonadas por animalistas que las amaron de chicas pero cuando crecieron no les importó un bledo de ellas.
También les llevan cachorros de aves de rapiña. Las madres los dejan alejarse del nido para que empiecen a conocer el mundo, exactamente como una madre deja a su niño jugando en el jardín. Los excursionistas que pasan dicen conocer la naturaleza y deciden que el pájaro se ha extraviado. Por más que en la Sociedad protectora de animales les explican que lo mejor sería regresar al pájaro al mismo lugar donde lo encontraron porque si se queda en la sociedad, en poco tiempo perderá su instinto, los excursionistas-animalistas se liberan la conciencia diciendo que ya no pasan por allí y además ya hicieron bastante.
Con los cervatillos es casi igual. La madre los esconde entre las matas y va a conseguirse alimento, exactamente como una persona deja a su bebé en una cuna y va a hacer sus labores. Pasan los amantes de la naturaleza que deciden pensar que el cachorro ha sido abandonado y creen hacer un bien llevándolo a la Sociedad protectora de animales donde será un huérfano más.
Suerte parecida corren los cabritos. Inspiran la ternura de los animalistas que los acarician hasta más no poder sin darse cuenta que al hacer esto les están dejando su olor. Cuando la madre cabra regresa no los reconoce porque para esto solo cuenta con su olfato y así deja de amamantarlos.
Si no muere, el cabrito termina en la Sociedad protectora de animales donde hay que alimentarlo con biberón, pero el personal no es suficiente, cuando los últimos cabritos han terminado de mamar la costosa leche de cabra — tampoco tienen fondos — es el momento de volver a comenzar con los primeros. Además estos cachorros irán creciendo y tendrán mayores exigencias de alimentación, de espacio, de higiene y de reproducción.
La cosa más lógica sería eliminarlos, sigue Valeria, como hace la naturaleza, pero protestan los animalistas y así hay que tenerlos a todos, aunque así vivan mal.
También tienen perros y gatos de razas poco comunes abandonados por personas que los adoptaron de chicos porque vieron una película o porque conocieron a una persona que tenía un perro o un gato igual. Al crecer el animal fue manifestando su personalidad y sus exigencias que no eran como ellos se habían imaginado.
Después vienen los animales exóticos, monos, aves, reptiles, etc., robados a su ambiente natural y traídos de contrabando, de pequeños inspiran ternura pero de grandes resultan molestos por los ruidos que emiten o simplemente porque no hay espacio para ellos.
Les llevan hasta fieras, tigres, panteras, cocodrilos, serpientes, etc., si son cachorros debe encargarse la misma sociedad, si son grandes, debe intervenir la guardia forestal. En ambos casos después deberán cederlos a los zoológicos, también hostilizados por los animalistas.
G. Alayza
Fotografía: Wilipedia
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